LA EDAD ANTIGUA

La Edad Antigua es la etapa de la Historia que comenzó cuando el hombre inventó la escritura, aproximadamente en el año 3.000 antes de Cristo y finalizó en el año 476 después de Cristo, cuando las tribus bárbaras procedentes del norte de Europa invaden los territorios dominados por los romanos, conquistan Roma, destronan al último emperador romano y se produce de este modo la desaparición del gran Imperio Romano.

Cuando se inventó la escritura, en esa época existían unas personas llamadas escribas que eran las encargadas de  escribir los acontecimientos importantes que ocurrían en aquella época. Tienes que saber que en aquellos tiempos prácticamente nadie sabía escribir, por lo tanto, los escribas eran considerados gente muy inteligentes, como hoy en día lo son los jóvenes que van a la universidad.  Los más listos llegaban a trabajar al servicio de los reyes.

Los escribas realizaban sus escritos sobre tablas de arcilla, como las de la figura de la derecha, utilizando punzones de cáñamo con los que hacían las hendiduras sobre la arcilla. Pero no escribían letras como las que conocemos hoy en día, sino que trazaban símbolos y dibujos. Cuando terminaban de escribir toda la tablilla, las iban almacenando en estantes, apiladas verticalmente o en cajas y cestas. Gracias a lo que cuentan esos escritos hoy podemos saber qué fue lo que ocurrió en aquellos tiempos.

-Tartessos

En el área de influencia ibérica y a partir del I milenio se va a desarrollar la cultura tartésica caracterizada por su riqueza metalífera. Desde esa fecha hasta el 500 a. C se produciría el auge de la civilización tartésica.

Según algunas fuentes, se estima su área de influencia en la cuenca más occidental del Mediterráneo pero sin especificar un área en concreto. Algunos autores lo ubicarán en la zona del bajo Guadalquivir, concretamente en el área del Golfo de Cádiz.

Los únicos datos seguros que se poseen son las reiteradas referencias que proporcionan las fuentes relativas a Tartessos encuadrado en ámbitos del Mediterráneo más occidental y con una economía basada por un lado en la riqueza en metales y por otro en la actividad comercial.

-Colonización de la Península Ibérica

Las colonizaciones comenzaron en los comienzos del I milenio a. C. en la última fase del contexto de colonización del Mediterráneo por parte de las poblaciones del Meditarráneo oriental. Estas poblaciones habían alcanzado un grado de desarrollo cultura y técnico muy superior a la mayor parte de las poblaciones occidentales y ese desarrollo va emparejado a una necesidad de materia prima cada vez más creciente y que empezaba a faltar en el lugar de origen o empezaban a ser escasas y caras en las rutas ya establecidas. Para satisfacer esta demanda de materia prima se aventuraban cada vez más al oeste para en busca de recursos. Por tanto los primeros colonizadores que llegaron a la península sería fundamentalmente a motivos económicos, concretamente tenían como fin la adquisición de metales, como la plata, el oro, el cobre y también el estaño peninsular como el procedente de las Islas Británicas.

-Colonización griega

La población griega, aparte de la motivación económica, tenía el problema de superpoblación unido, a su vez, a la escasez de tierras, por lo que también buscaban dar salida a gente a otras tierras y a la vez de explotar nuevas tierras de cultivo con lo que abastecer a la población. En un comienzo las colonias griegas tendrían un marcado carácter agrícola y paulatinamente adquirían un carácter mercantil.

Dentro del Mediterráneo occidental las zonas de mayor interés en cuanto a la obtención de metales serían la Península Ibérica y las Islas Británicas, de donde se obtenía estaño para fabricar bronce. Así pues dentro de la Península Ibérica será la zona de mayor importancia minera donde se llevan a cabo los primeros asentamientos por parte de fenicios y griegos, como en el norte de Huelva (cobre), Sierra Morena (plata), Almería y Murcia (plata) y noroeste peninsular e Islas Británicas (estaño), zona hasta la que se accedería a través de dos rutas:

  • Una de carácter marítimo que atravesaría el estrecho de Gibraltar para subir por Portugal hasta llegar a Galicia y desde allí acceder a las islas británicas
  • Una ruta de carácter terrestre que atravesaría el actual territorio francés para desde allí llegar a alcanzar dichas islas británicas.

Si el comercio griego utilizaría indistintamente ambas rutas, el fenicio prefiere utilizar sobre todo la marítima. A partir del s. VIII el comercio griego habría logrado ejercer un control sobre la ruta mercantil que desde las Islas Británicas y a través de territorio francés se internaría por la Península Itálica, un control que se llevaría a cabo por una serie de asentamientos en la zona de la Campania. Por otra parte el comercio griego se vería obligado a mantener contactos con poblaciones etruscas. Por su parte el comercio fenicio va a preferir utilizar la ruta marítima a través de Gibraltar. Si en la anterior ruta el comercio griego se veía obligado a mantener relaciones con etruscos que desempeñarían un papel de intermediarios en el comercio de metales, en esta segunda ruta utilizada por los fenicios dicho papel será desempeñado por tartésicos, así las poblaciones tartésicas van a tener un importante papel en el comercio de los metales en el Mediterráneo más occidental.

Según las fuentes antiguas la colonización fenicia en el Mediterráneo más occidental se enmarcaría hacia fines del II milenio a. C. Sin embargo hoy sabemos que el comercio y la actividad comercial fenicia en la Península Ibérica se inició a partir de inicios mismos del I milenio. Por tanto si hubo contactos en el extremo más occidental del Mediterráneo a fines del II milenio debieron de ser poco activos y se llevarían a cabo más bien en las formas de simples prospecciones; por tanto el comercio fenicio y su actividad colonial concebida como una organización sólidamente constituida es algo que se habrá de situar a partir de inicios del I milenio y no con anterioridad. Un comercio que iniciaría sus primeros contactos en ámbitos sicilianos y Norte de África para desde allí llegar a alcanzar las costas meridionales de la Península Ibérica.

Hay 3 fases dentro de la colonización tanto fenicia como griega:

  1. Fines del II milenio: Más que actividad colonial se llevan a cabo meras prospecciones atestiguadas a través de las fuentes.
  2. Siglos VIII-VI a. C.: Se caracteriza por el predominio del comercio griego en el Mediterráneo pese a la coexistencia de la actividad comercial fenicia.
  3. Desde fines del VI a. C.: Control cartaginés de las rutas del Sur peninsular que impediría al comercio griego desarrollarse sobre dicho ámbito.

-Colonización fenicia

Según las fuentes uno de los primeros enclaves fenicios fundados en la Península Ibérica es Gadir cuya fundación plantea una serie de problemas. Según las fuentes se relacionaría con los primeros contactos llevados a cabo por los fenicios en el Mediterráneo más occidental, sin embargo desde un punto de vista arqueológico no se ha podido comprobar dicho asentamiento de Gadir correspondiente a semejante cronología. Por tanto las fechas altas que las fuentes proporcionan se vinculan a esas primeras prospecciones efectuadas por fenicios en ámbitos del extremo occidental del Mediterráneo, siendo pues la fundación de Gadir posterior al 1100-1200 a. C.al igual que el resto de los establecimientos fenicios fundados en la Península Ibérica encuadrados todos a partir de comienzos del I milenio y nunca con anterioridad a dicha cronología.

En todo el litoral oriental peninsular se llevan a cabo asentamientos fenicios, muchos de los que tendrían en una primera fase un carácter transitorio mientras que otros irían paulatinamente adquiriendo una importancia cada vez mayor hasta llegar a convertirse en destacables núcleos de población. Entre los enclaves fenicios más importantes cabe destacar Malaka, Abdera y Sexi, todos ellos de menor entidad que Gadir. De esta serie de enclaves las excavaciones arqueológicas han permitido constatar una tipología de objetos provenientes de ámbitos orientales del Mediterráneo y helénicos. La presencia de estos materiales de origen griego ha permitido constatar la existencia de todo un comercio de objetos helénicos llevado a cabo por el comercio fenicio o griego, la mayoría de estos hallazgos se sitúan entre los siglos VIII y VII a. C., una serie de hallazgos que evidencian la coexistencia en el Mediterráneo entre dichas cronologías de la actividad comercial de la actividad comercial griega y fenicia. Hay que destacar una cerámica muy característica que aparece solo en enclaves fenicios y nunca en griegos: es la cerámica de barniz rojo. Su origen hay que situarlo en ámbitos del Mediterráneo oriental, en Siria y Chipre, desde donde se importaría a través del comercio fenicio hasta la Península Ibérica.

De notable interés resulta el asentamiento de Almuñécar debido a su importante necrópolis en donde se daría la incineración, como se atestigua a través de las urnas de alabastro encontradas allí. Los hallazgos arqueológicos de esta necrópolis ponen de manifiesto los enormes contactos y relaciones existentes entre la Península Ibérica y el Mediterráneo más oriental. De esta forma a través del comercio fenicio se va a importar hasta la Península Ibérica toda una diversidad de objetos y productos de distinto carácter y naturaleza como el marfil, urnas de alabastro, vasos de bronce…, objetos muchos de los que eran elaborados por los propios fenicios, mientras que otros muchos van a ser adquiridos en ámbitos del Mediterráneo oriental y posteriormente importados hasta la Península Ibérica.

Si en un primer momento la mayor parte de estos objetos serían importados del Mediterráneo oriental, en un segundo momento y de forma paulatina, la mayor parte de ellos van a ser objetos de imitación dentro del territorio peninsular por artesanos indígenas. Entre los materiales imitados destacan los objetos manufacturados, así va a ir surgiendo en la Península Ibérica toda una industria de objetos de imitación realizados en oro y plata frecuentemente de influencia oriental, y buena prueba de esta industria de objetos de lujo son los famosos tesoros del sur peninsular como la Aliseda, Carambolo… Por otra parte estos tesoros permiten constatar la extraordinaria riqueza en metales de la península. Por otro lado aunque los fenicios llevaron a cabo la explotación de los principales yacimientos mineros de la Península Ibérica y que llegaron a comercializar con el resultado de dicha explotación, el comercio fenicio siempre será de puro trueque, de intercambio de productos con ausencia de moneda, será pues el comercio griego el que introdujo la economía de signo monetario a la Península Ibérica.

En relación con la industria del metal va a dar como consecuencia una serie de producciones locales y buena muestra de ello lo constituyen esa serie de tesoros en oro y plata de la más clara influencia oriental. Algo análogo ocurrirá con la producción alfarera, que iniciaría la producción de unos tipos que con anterioridad solo tendría un radio de acción muy localizado. En relación a la agricultura las influencias fenicias han planteado una serie de interrogantes, pero de lo que no cabe duda es de la introducción de unas notables mejoras en cuanto a los rendimientos agrarios debido en gran parte a las nuevas técnicas del trabajo traídas consigo por los fenicios. Las influencias del comercio serán múltiples y se ponen de manifiesto desde un punto de vista estético a través de la cerámica, orfebrería, etc.

-CONQUISTA ROMANA

Se distinguen tres fases:

  • Desde el 218 a. C. hasta el 133 a. C.
  • Desde el 133 a. C. hasta el 29 a.  C.: pausa en la anexión romana de nuevos territorios peninsulares con respecto al periodo anterior pero de intensa actividad político-militar, ya que la Península Ibérica se convirtió en uno de los principales escenarios territoriales de las Guerras Civiles.
  • Desde el 29 a.  C. hasta el 19 a.  C.: se caracteriza por la incorporación de los ámbitos más septentrionales de Hispania. Así la política expansionista en la Península ibérica se inscribiría dentro de las propias directrices de la política que tendría por objetivo la línea del Cantábrico y las anexiones territoriales en la Península Ibérica.

Ya antes de la Primera Guerra Púnica (púnico hace referencia a los cartagineses), entre los siglos VIII y VII a. C., los fenicios (y posteriormente los cartagineses) habían hecho acto de presencia en la parte sur de la Península Ibérica y en la zona de levante, al sur del Ebro. Se asentaron a lo largo de estas franjas costeras en un gran número de instalaciones comerciales que distribuían por el mediterráneo los minerales y otros recursos de la Iberia prerromana. Estas instalaciones, consistentes en poco más que almacenes y embarcaderos permitían no sólo la exportación, sino también la introducción en la Península de productos elaborados en el Mediterráneo oriental, lo que tuvo el efecto secundario de la adopción por parte de las culturas autóctonas peninsulares de ciertos rasgos orientales.

También sobre el siglo VII a. C., los griegos establecerían sus primeras colonias en la costa norte del Mediterráneo peninsular procedentes de Massalia (Marsella), fundando ciudades como Emporion (Ampurias) o Rhode (Rosas), aunque al mismo tiempo fueron diseminando por todo el litoral centros de comercio, pero éstos sin carácter poblacional. Parte del peso comercial griego, sin embargo, era llevado a cabo por los fenicios, que comerciaban en la Península con artículos de y con destino a Grecia.

Como potencia comercial en el Mediterráneo occidental, Cartago ampliaba sus intereses hasta la isla de Sicilia y el sur de Italia, lo que pronto resultó muy molesto para el incipiente poder que surgía desde Roma. Finalmente, este conflicto de intereses económicos (ya que no territoriales, puesto que Cartago no se había demostrado como una potencia invasora) desembocaron en las llamadas Guerras Púnicas, de las cuales la primera de ellas no terminó sino en un inestable armisticio, habiendo generado una animadversión entre ambas culturas que conduciría a la Segunda Guerra Púnica, la cual terminaría 12 años más tarde con el dominio efectivo de Roma sobre el levante y el sur peninsular. Posteriormente, Cartago sufriría la decisiva derrota en Zama que la borraría de la escena histórica.

A pesar de haberse impuesto sobre la potencia rival del Mediterráneo, Roma aún tardaría dos siglos en dominar por completo la Península Ibérica, ganándose con su política expansionista la enemistad de la práctica totalidad de los pueblos del interior. Se considera que los abusos a los que estos pueblos fueron sometidos desde el principio fueron en gran parte culpables del fuerte sentimiento antirromano de estas naciones. Tras años de cruentas guerras, los pueblos autóctonos de Hispania fueron finalmente aplastados por el rodillo militar y cultural romano, desapareciendo en este proceso de choque cultural, aunque no sin antes dejar el indeleble ejemplo de la resistencia feroz ante un enemigo muy superior.

-La Iberia cartaginesa

La familia cartaginesa descendiente de Amílcar Barca inició después de la Primera Guerra Púnica la sumisión efectiva de la península, que se extendió a buena parte de ella, sobre todo al Sur y al Levante. Una sumisión lograda mediante tributos, alianzas, matrimonios, o simplemente por la fuerza.

Según algunos historiadores, el establecimiento de los carthagineses en el sureste de España y la fundación de la ciudad de Qart Hadasht, la actual Cartagena, en 227 a. C. por Asdrúbal tuvo como objetivo principal el control de la riqueza generada por las minas de plata de Cartagena.

La segunda guerra entre Cartago y Roma se inició por la disputa sobre la hegemonía en Sagunto, ciudad costera helenizada y aliada de Roma. Tras fuertes tensiones dentro del gobierno de la ciudad, que concluyeron con el asesinato de los partidarios de Cartago, Aníbal puso sitio a Sagunto el año 218 a. C., y a pesar de que ésta pidió ayuda a Roma, no la recibió. Tras un prolongado asedio y una lucha muy cruenta en la que incluso Aníbal resultó herido, el ejército cartaginés se apoderó de la ciudad, aunque no sin antes haber sido ésta prácticamente destruida por la batalla y posteriormente por sus habitantes. Muchos de los saguntinos prefirieron suicidarse antes de ser sometidos a la sumisión y la esclavitud que les esperaba a manos de Cartago.

Después la guerra continuó con la expedición de Aníbal a Italia. Fue entonces cuando se produjo la entrada de Roma en la Península Ibérica. El motivo que impulsó la invasión fue sobre todo la imperiosa necesidad de cortar los suministros, que procedentes de Cartago e Hispania, contribuían a la expedición de Aníbal que tanto daño estaba provocando en la Península Itálica.

-La invasión romana

Roma envió a Hispania tropas al mando de Cneo y Publio Cornelio Escipión. Cneo Escipión fue el primero que llegó a Hispania, mientras su hermano Publio se desviaba hacia Massalia con el fin de recabar apoyos y tratar de cortar el avance cartaginés. Emporion o Ampurias fue el punto de partida de Roma en la península. Su primera misión fue buscar aliados entre los iberos. Consiguió firmar algunos tratados de alianza con jefes tribales íberos de la zona costera, pero probablemente no logró atraer a su causa a la mayoría. Así por ejemplo sabemos que la tribu de los Ilergetes, una de las más importantes al Norte del Ebro, era aliada de los cartagineses. Cneo Escipión sometió mediante tratado o por la fuerza la zona costera al Norte del Ebro, incluyendo la ciudad de Tarraco, donde estableció su residencia.

Desde 197 a. C. la parte de la Península Ibérica sometida a Roma quedó dividida en dos provincias: la Citerior, al Norte (la futura Tarraconense, con Tarraco por capital), y la Ulterior (al Sur), con capital en Córdoba. El gobierno de estas dos provincias correspondería a dos procónsules. Se acometió después la conquista de Lusitania.

La conquista de la zona central, la región llamada Celtiberia, se acometió en 181 a. C. Se venció a los celtíberos y sometió algunos territorios.

Pero los habitantes de las ciudades sometidas por la fuerza no eran casi nunca súbditos tributarios: Cuando ofrecían resistencia y eran derrotados eran vendidos como esclavos. Cuando se sometían antes de su derrota total, eran incluidos como ciudadanos de su ciudad pero sin derecho de ciudadanía romana.

Cuando las ciudades se sometían libremente, los habitantes tenían la condición de ciudadanos, y la ciudad conservaba su autonomía municipal y a veces la exención de impuestos. Los procónsules (llamados también pretores o propretores), es decir los gobernadores provinciales, tomaron la costumbre de enriquecerse a costa de su gobierno. Los regalos forzados y los abusos eran norma general. En sus viajes el pretor o procónsul, y otros funcionarios, se hacían hospedar gratuitamente; a veces se hacían requisas. Los pretores imponían suministros de granos a precios bajos, para sus necesidades y las de los funcionarios y familiares, y a veces también para los soldados. Las quejas eran tan fuertes que el Senado romano, tras oír una embajada de provinciales hispanos, emitió en 171 a. C. unas leyes de control: Los tributos no podrían recaudarse mediante requisas militares; los pagos en cereales eran admisibles pero los pretores no podrían recoger más de un quinto de la cosecha; se prohibía al pretor fijar por sí solo el valor en tasa de los granos; se limitaban las peticiones para sufragar las fiestas populares de Roma; y se mantenía la aportación de contingentes para el ejército. No obstante, como el enjuiciamiento de los procónsules que habían cometido abusos correspondía al Senado a través del Pretor de la Ciudad, rara vez algún procónsul fue juzgado.

Durante más de un siglo los vascones y celtíberos se disputaron las ricas tierras del Valle del Ebro. Probablemente la celtíbera Calagurris, hoy Calahorra, llevó el peso de la lucha, auxiliada por alianzas tribales; por parte vascona debía existir algún asentamiento medianamente importante situado al otro lado del Ebro, más o menos frente a Calagurris, que obtenía también el apoyo de los vascones de otros puntos. Seguramente los celtíberos llevaron la mejor parte en la lucha, y destruyeron la ciudad vascona, ocupando tierras al otro lado del Ebro.

Pero los llamados «celtíberos» eran enemigos de Roma, y los vascones eran (estratégicamente es lo más razonable) sus aliados. Cuando fue destruida Calagurris por los romanos, fue repoblada con vascones, probablemente procedentes de la ciudad vascona del otro lado del río, destruida tiempo antes por los celtíberos (que habrían ocupado sus tierras al Norte del Ebro), y por vascones de otros lugares.

Cuando el 123 a. C. los romanos ocuparon las islas Baleares, se establecieron en ellas tres mil hispanos que hablaban latín, lo que da idea de la penetración cultural romana en la Península en apenas un siglo.

Julio César invade Hispania como parte de su guerra contra Pompeyo por el poder en Roma. Para entonces, Pompeyo se había refugiado en Grecia, y lo que César pretendía era eliminar el apoyo a Pompeyo en occidente y aislarle del resto del imperio. Sus fuerzas se enfrentan a las pompeyanas en la batalla de Ilerda (Lérida), obteniendo una victoria que le abriría las puertas a la Península. Finalmente, las fuerzas de Pompeyo serían derrotadas en Munda en 45 a. C. Un año más tarde, Julio César sería asesinado a las puertas del Senado de Roma, y su sobrino-nieto Cayo Julio César Octaviano, tras una breve lucha por el poder contra Marco Antonio, fue nombrado cónsul para, posteriormente, ir acumulando poderes que finalmente conducirían a la agonizante república romana hasta el imperio.

Durante el gobierno de César Augusto, Roma se vio obligada a mantener una cruenta lucha contra las tribus astures y cántabras, unos pueblos de guerreros que presentaron una feroz resistencia a la ocupación romana. El propio emperador hubo de trasladarse a Segisama, actual Sasamón, (Burgos), para dirigir en persona la campaña. Roma adoptó con estos pueblos una cruel política de exterminio que supuso la práctica extinción de esta cultura prerromana. Con el final de esta guerra terminarán los largos años de luchas civiles y guerras de conquista en los territorios de la Península Ibérica, inaugurando una larga época de estabilidad política y económica en Hispania.

-Hispania

El término Hispania es latino, el término Iberia es exclusivamente griego. Decir español por iber o por hispanus es cometer una falta de pertenencia pues lleva consigo diferencias de época y de ambiente. En los textos que se conservan de los romanos éstos emplean siempre el nombre de Hispania (citada por primera vez hacia el 200 a. C. por el poeta Quinto Ennio), mientras que en los textos conservados de los griegos éstos emplean siempre el nombre de Iberia.

Poco después de derrotar a los cartagineses en la península, Roma decidió incorporar a sus dominios los territorios entonces bajo su control militar, que por entonces incluía todo el levante desde Ampurias a Cartago Nova y la casi totalidad de Andalucía, tanto el valle del Guadalquivir como la zona de las cordilleras béticas y Sierra Morena al norte. Dicho territorio fue dividido en dos provincias separadas por una frontera que discurriría desde el oeste de Cartago Nova hacia el norte, debiéndose repartir los territorios conquistados desde entonces entre ambas provincias. A una provincia la llamaron Ulterior (la más alejada de Roma) y a la otra, Citerior (la más cercana a Roma). El territorio que cada una de estas englobaba fue variando con el tiempo, a medida que Roma conquistaba nuevos territorios ibéricos.

Así durante los primeros sesenta años del dominio republicano sobre las provincias hispanas, desde la división 197 a. C., hasta el fin de las Guerras Lusitanas y Celtibéricas 137-133 a. C. aproximadamente, las provincias se mantuvieron más o menos estables englobando cada una:

  • Hispania Ulterior: Actual Andalucía en su totalidad, partes del sur de la actual provincia de Badajoz y de la Mancha así como el suroeste de la actual de Murcia. Posiblemente también englobaría las zonas portuguesas al este del Guadiana (Moura, Serpa, etc.) y el Algarve. Su capital fue fijada en Corduba.
  • Hispania Citerior: Norte y este de Murcia, gran parte de Castilla la Mancha, incorporada a lo largo de este periodo, la zona valenciana, Cataluña, el Ebro y el pirineo aragonés, también incorporado durante estos años. Su capital fue Tarraco.

Al finalizar las guerras Celtibéricas y Lusitanas, el dominio romano sobre Hispania fue ampliado sustancialmente: Extremadura y la mayor parte de Portugal (al sur del Duero) fueron incorporados a la Ulterior, con lo que quedaban conformados los territorios de las dos hispanias ulteriores que se crearon en época augustea, la Baetica en los territorios más antiguos y romanizados de Andalucía y la Lusitania en los recién incorporados territorios de Extremadura y el Portugal al sur del Duero y a la Citerior se le incorporó buena parte de la submeseta norte.

En los siguientes cien años de dominio romano, hasta la Guerra con los astures de Augusto, la frontera solo fue ampliada de manera muy limitada, añadiéndose al dominio romano tan solo los territorios que quedaban por incorporar al sur de la cornisa cantábrica.

En el año 27 a. C., el general y político Agripa hizo un cambio. Dividió Hispania en 3 partes, añadiendo la provincia de Lusitania que comprendía casi todo lo que hoy es Portugal (excepto la faja al norte del río Duero) y casi toda Extremadura y Salamanca (actuales).

El emperador Augusto en ese mismo año vuelve a hacer una nueva división que queda así:

  • Provincia Hispania Ulterior Baetica, más conocida simplemente como Baetica, cuya capital era Córdoba, la antigua capital de la Ulterior. Existe una sustancial continuidad entre los territorios turdetanos y de interacción con los fenicio-púnicos, la ulterior primigenia y la posterior Baetica, centrándose todos estos territorios en torno al valle del Baetis (valle del Guadalquivir) y a las dos zonas que lo delimitan, Sierra Morena y los sistemas béticos, es decir, la actual Andalucía. De hecho en autores como Estrabón, se igualan los conceptos Turdetania y Baetica y se nombra a los habitantes de la Baetica aún como turdetanos (y turdulos). La provincia incluía en un principio la actual Andalucía y la zona sur de la actual Badajoz. Pocos años después, hacia el 4 a. C. Augusto decidió rectificar la frontera entre la Baetica y la tarraconense, añadiendo el este de Jaén, el norte de la provincia de Granada y la zona almeriense excepto el poniente, a la provincia Tarraconense. El río Anas o Annas (Guadiana, de Wadi-Anas) separaba la Bética de la Lusitania en ciertos tramos, mientras que en otros la frontera Baetica discurría bastante alejada del margen izquierdo del Anas.
  • Provincia Hispania Ulterior Lusitania, cuya capital era Emerita Augusta (Mérida).
  • Provincia Hispania Citerior Tarraconensis, o sencillamente Tarraconense cuya capital era Tarraco (Tarragona). Los territorios incorporados en las guerras conta los cántabros y astures, fueron incorporados a esta provincia.

Llegando el siglo III de nuestra Era, el emperador Caracalla hace una nueva división que dura muy poco tiempo. Divide la Citerior otra vez en 2 creando la nueva Provincia Hispania Nova Citerior con Asturiae-Calleciae (actual provincia de León). Esta nueva provincia, cuya creación se relaciona con la intensificación en la explotación de las minas de oro del noroeste peninsular, duró poco tiempo y en el 238 quedó restablecida la Citerior Tarraconensis en su unidad.

Posteriormente, con la reforma administrativa del Imperio que lleva a cabo Diocleciano (284-305), se dividió la antigua Tarraconense en tres provincias: Gallaecia, Cartaginensis y Tarraconensis, cuyos límites exactos se desconocen pues no constan en ninguno de los documentos conservados. Sin embargo, la innovación más importante fue la creación de las llamadas diócesis. Una de ellas fue Hispania cuya capital estaría probablemente en Emerita Augusta. Las cinco provincias antes citadas (Lusitania y Baetica más las tres en las que se había dividido Tarraconensis) fueron integradas en la diócesis, junto con Mauretania Tingitana, al otro lado del estrecho. A finales del siglo IV, las Islas Baleares constituyeron también una provincia independiente (Balearica), desgajándose de la Tarraconensis entre el 365 y 385 d.C.

-PROCESO DE ROMANIZACIÓN

Se entiende por romanización de Hispania el proceso por el que la cultura romana se implantó en la Península Ibérica durante el periodo de dominio romano sobre ésta.

A lo largo de los siglos de dominio romano sobre las provincias de Hispania, las costumbres, la religión, las leyes y en general el modo de vida de Roma, se impuso con muchísima fuerza en la población indígena, a lo que se sumó una gran cantidad de itálicos y romanos emigrados, formando finalmente la cultura hispano-romana. La civilización romana, mucho más avanzada y refinada que las anteriores culturas peninsulares, tenía importantes medios para su implantación allá donde los romanos querían asentar su dominio, entre los cuales estaban:

  • La creación de infraestructuras en los territorios bajo gobierno romano, lo que mejoraba tanto las comunicaciones como la capacidad de absorber población de estas zonas.
  • La mejora, en gran parte debido a estas infraestructuras, de la urbanización de las ciudades, impulsada además por servicios públicos utilitarios y de ocio, desconocidos hasta entonces en la península, como acueductos, alcantarillado, termas, teatros, anfiteatros, circos, etc.
  • La creación de colonias de repoblación como recompensa para las tropas licenciadas, así como la creación de latifundios de producción agrícola extensiva, propiedad de familias pudientes que, o bien procedían de Roma y su entorno, o eran familias indígenas que adoptaban con rapidez las costumbres romanas.

-Los municipiosAunque la influencia romana tuvo gran repercusión en las ciudades ya existentes en la península, los mayores esfuerzos urbanísticos se centraron en las ciudades de nueva construcción, como Tarraco (la actual Tarragona), Emerita Augusta (hoy Mérida) o Itálica (en el actual Santiponce, cerca a Sevilla).Los municipios romanos o colonias se concebían como imágenes de la capital en miniatura. La ejecución de lo edificios públicos corría a cargo de los curatores operatum o eran regentados directamente por los supremos magistrados municipales.Para emprender cualquier obra a cargo de los fondos públicos era necesario contar con la autorización del emperador. El patriotismo local impulsaba a las ciudades a rivalizar para ver cuál construía más y mejor, animando a los vecinos más pudientes de los municipios. La sed de gloria hacía que sus nombres pasasen a la posteridad asociados a los grandes monumentos.

Las obras públicas acometidas con fondos particulares no estaban sometidas al requerimiento de la autorización del emperador. Los urbanistas decidían el espacio necesario para las casas, plazas y templos estudiando el volumen de agua necesario y el número y anchura de las calles. En la construcción de la ciudad colaboraban soldados, campesinos y sobre todo prisioneros de guerra y esclavos propiedad del estado o de los grandes hombres de negocios.

-Obras militares

El campamento romano era el centro principal de la estrategia militar pasiva o activa. Podían ser temporales, establecidos con algún propósito militar inmediato, o concebidos para acantonar a las tropas durante el invierno; en este caso se construían con argamasa y madera. También podían ser permanentes, con el objeto de someter o controlar una zona a largo plazo, para lo cual se solía utilizar la piedra para construir sus fortificaciones. Muchos campamentos se convirtieron en la práctica en centros estables de población, llegando a convertirse en verdaderas ciudades, como es el caso de León. Fue uno de los muchos destacados, como por ejemplo el Sagunto.

Una vez establecida una colonia o un campamento estable, la necesidad de defender estos núcleos conllevaba la construcción de potentes murallas. Los romanos, durante los siglos II y I a. C. erigieron importantes murallas, habitualmente con la técnica del doble paramento de sillares con un relleno interior de mortero, piedras y hormigón romano. El espesor del paño podía oscilar entre los cuatro hasta incluso los diez metros. Tras el periodo de la paz romana, en que estas defensas eran prescindibles, las invasiones de los pueblos germánicos reactivaron la construcción de murallas.

Son destacables en la actualidad los restos de murallas romanas existentes en Zaragoza, Lugo, León, Tarragona, Astorga, Córdoba, Segóbriga o Barcelona.

-Obras civiles

La civilización romana es conocida como la gran constructora de infraestructuras. Fue la primera civilización que dedicó un esfuerzo serio y decidido por este tipo de obras civiles como base para el asentamiento de sus poblaciones y la conservación de su dominio militar y económico sobre el extenso territorio de su imperio. Las construcciones más destacadas por su importancia son las calzadas, puentes y acueductos.
Ya fuese dentro o fuera del entorno urbano, estas infraestructuras se convirtieron en vitales para el normal funcionamiento de la ciudad y de su economía, permitiendo el abastecimiento de la misma de aquello que le resultaba más esencial, ya fuera el agua por vía de los acueductos o los suministros de alimentos y bienes a través de la eficiente red de calzadas. Además, cualquier ciudad de mediana importancia contaba con un sistema de alcantarillado para permitir el drenaje tanto de las aguas residuales como de la lluvia para impedir que ésta se estancara en las calles.
Dentro de las infraestructuras de uso civil que los romanos construyeron con intensidad durante su dominio en Hispania, destacan por su importancia las calzadas romanas, que vertebraron el territorio peninsular uniendo desde Cádiz hasta los Pirineos y desde Asturias hasta Murcia, cubriendo los litorales mediterráneo y atlántico a través de las conocidas «vías». Por ellas circulaba un comercio en auge, alentado por la estabilidad política del territorio a lo largo de varios siglos.
De entre estas vías, las más importantes eran:
  • Vía Lata, hoy conocida como Vía de la Plata
  • Vía Augusta, la calzada romana más larga del Imperio Romano en España, con 1500 km y varios tramos.
  • Vía Exterior

Para señalizar las distancias en estas vías se colocaban los llamados miliarios, que en forma de columna como el de la imagen o de grandes piedras, marcaban la distancia desde el punto de origen de la vía en miles de pasos (millas).

Actualmente la mayor parte del recorrido de estas vías se corresponde con el trazado de las actuales carreteras nacionales o autopistas de los actuales estados de España y Portugal, lo que confirma el acierto romano en la elección óptima del trazado de las mismas.

Los puentes romanos, complemento indispensable de las calzadas, permitían a éstas salvar los obstáculos que suponían los ríos, que en el caso de la Península Ibérica pueden llegar a ser muy anchos. Ante este desafío que la geografía presentaba a Roma, ésta respondió con las que tal vez sean las más duraderas y fiables de sus construcciones. Aunque también se construyeron una gran cantidad de puentes de madera sobre los cauces menores, hoy conocemos por «puente romano» a las construcciones de piedra.
-Infraestructuras urbanas
Dentro del entorno urbano destacan las termas y alcantarillados; y también son remarcables las construcciones destinadas al ocio y la cultura, como los teatros, circos y anfiteatros.
La cultura romana rendía culto al cuerpo, y por consiguiente, a la higiene del mismo. Las termas o baños públicos se convirtieron en lugares de reunión de personas de toda condición social, y su uso era fomentado por las autoridades, que en ocasiones sufragaron sus gastos haciendo el acceso a las mismas gratuito para la población. Aunque hombres y mujeres compartían en ocasiones los mismos espacios, las horas de baño eran diferentes para unos y otros: las mujeres acudían por la mañana mientras los hombres lo hacían al atardecer. En aquellas que disponían de secciones separadas para hombres y mujeres, al área destinada a éstas se le daba el nombre de «balnea».
Los romanos comprendieron desde el principio de su auge como civilización que una ciudad debía tener un sistema eficiente de eliminación de desechos para poder crecer. Para ello construyeron en la todas las ciudades de cierta importancia los conocidos sistemas de alcantarillado que aún hoy siguen cumpliendo su función original. En Mérida, por ejemplo, el alcantarillado romano se ha usado hasta hace pocos años, y su trazado sirve todavía como referencia para conocer cómo era la antigua ciudad romana. En otras ciudades como León se conservan vestigios de estas infraestructuras, y en Itálica sirven como ejemplo al visitante en los días lluviosos de la perfección del sistema de drenaje de las calles para evitar su encharcamiento.
El teatro era una de las actividades de ocio favoritas de la población hispano-romana, y al igual que con otras edificaciones de interés público, ninguna ciudad que pudiera recibir tal nombre se privaba de poseer uno. Tal es así que el teatro de Augusta Emerita fue construido prácticamente al mismo tiempo que el resto de la ciudad por el cónsul Marco Agripa, yerno del emperador Octavio Augusto. En total se conservan restos de al menos trece teatros romanos en toda la Península.
La cultura romana poseía unos valores respecto a la vida humana muy diferentes de los que hoy imperan en Europa y, en general, en el mundo. El sistema esclavista, que hacía posible que un hombre perdiera su condición de «hombre libre» por diversos motivos (delitos, deudas, capturas militares, etc.), y por lo tanto se viera privado de todos sus derechos, propiciaba un nuevo espectáculo que aunque hoy sería denostado como salvaje y brutal, en aquella época constituía uno de los atractivos más poderosos de la vida urbana: la lucha de gladiadores. No sólo los esclavos participaban en este tipo de luchas (si bien la inmensa mayoría de los gladiadores lo eran), sino que también había quien hacía carrera como gladiador por dinero, favores o gloria. Incluso algún emperador se atrevió en ocasiones a bajar a la arena para practicar este sangriento «deporte», como en el caso de Cómodo. Estas luchas se llevaban a cabo en los anfiteatros.
-EL FIN DE LA DOMINACIÓN ROMANA
Desde el siglo III al V, diversos pueblos germánicos habían cruzado la península ibérica, fundamentalmente los suevos, los vándalos y los alanos, y aunque se les llama germánicos, lo cierto es que los alanos eran de origen asiático. Hacia el 409 ó 410, se tienen noticias de la entrada por los Pirineos de un número no determinado de suevos (unos 30.000 aunque no hay consenso entre los historiadores), el pueblo germánico de mayor complejidad cultural, ocupando el noroeste de la península, lo que es Gallaecia.
El emperador Flavio Honorio en el 418 los aleja del rico Mediterráneo.
Los suevos ocuparon entonces buena parte de la península, con capital en Emérita Augusta, la actual Mérida. Los vándalos los derrotaron en Mérida pero, hacia 429, pasaron a África. Los alanos, que ocuparon el centro y el este de la Península, acabaron siendo absorbidos por la población hispanorromana. En esta situación el Imperio romano de Occidente había recuperado el dominio al menos nominal de la Península, excepto la zona dominada por los suevos, que afianzaban su reino en el occidente.
Hacia el año 438 el rey suevo Requila emprende una decidida actividad de conquista del resto de Hispania, adueñándose de la Lusitania, la Carthaginense y la Bética. Su sucesor, Requiario, aprovechará las perturbaciones para avanzar hacia la zona de Zaragoza y Lérida. Tal acción impulsó al Imperio romano a pedir nuevamente a los visigodos, a través de su rey Teodorico II, la ayuda precisa para controlar Hispania.
Las tropas visigodas cruzan los Pirineos y en el 456 capturan al rey Requiario, quedando el resto de los suevos en lo que hoy se conoce como Galicia. El reino suevo se mantuvo independiente hasta finales del siglo VI. El resto de la península pasa a manos visigodas, pasando a formar parte del Reino visigodo de Tolosa, con capitalidad en Tolosa (Toulouse, actual Francia). Las oleadas de conquista se sucederán con posterioridad, pero ahora para ocupar espacios donde domina todavía el Imperio romano. En el año 476, los visigodos ya se habían asentado en la península Ibérica, poniendo fin a la dominación romana en la misma, coincidiendo con la conquista de Roma por los pueblos bárbaros y desapareciendo así el gran Imperio Romano.

-Una vez repasado todo lo concerniente a la Edad Antigua en la Península Ibérica, pasemos a realizar las siguientes actividades y a ver los siguientes vídeos:

http://cplosangeles.juntaextremadura.net/web/cmedio5/la_edad_antigua/indice.htm

http://catedu.es/chuegos/historia/historia.swf

http://www.juntadeandalucia.es/averroes/centros-tic/14002984/helvia/aula/archivos/repositorio/1500/1548/imperio_romano.swf

http://www.juntadeandalucia.es/averroes/centros-tic/14002984/helvia/aula/archivos/repositorio/750/915/dominios_roma.swf

http://www.juntadeandalucia.es/averroes/recursos_informaticos/proyectos2004/andalucia/FORMATO%20WEB/tartessos.htm

http://www.juntadeandalucia.es/averroes/centros-tic/14002984/helvia/aula/archivos/repositorio/1250/1269/sociedad_romana.swf

http://www.juntadeandalucia.es/averroes/html/adjuntos/2007/09/13/0030/roma/presentacion.htm

http://www.librosvivos.net/smtc/hometc.asp?temaclave=1015

http://www.enciclopedia-aragonesa.com/monograficos/historia/epoca_romana/multimedia/domus/default.asp

http://www.juntadeandalucia.es/averroes/html/adjuntos/2007/09/13/0030/mediterraneos/presentacion.htm

http://www.educared.net/concurso2004/1680/Azorin-Club/Azorin-Club/index.htm

http://ares.cnice.mec.es/ciengehi/c/04/animaciones/a_fc_anim01_3_v00.html

http://www.educa.jcyl.es/educacyl/cm/gallery/Recursos%20Infinity/aplicaciones/maquina_tiempo/popup.htm

http://www.youtube.com/watch?v=7fNzVJ2gR0o&feature=player_embedded

http://www.youtube.com/watch?v=O5HRNQNiNFA&feature=player_embedded

http://www.youtube.com/watch?v=7fNzVJ2gR0o&feature=player_embedded

http://www.youtube.com/watch?v=sdMaYAkyR8I

http://www.youtube.com/watch?v=AuijekX_7Ek&feature=related

http://www.youtube.com/watch?v=9F4AWHIxoRo&feature=related

http://www.terra.es/personal2/pfigares/historia.htm

http://www.ceipjuanherreraalcausa.es/Recursosdidacticos/QUINTO/Conocimiento/u14/1403.htm

http://www.librosvivos.net/smtc/homeTC.asp?TemaClave=1043

http://www.librosvivos.net/smtc/homeTC.asp?TemaClave=1045&est=0

http://www.juntadeandalucia.es/averroes/html/adjuntos/2007/09/13/0030/egipto/presentacion.htm

http://www.juntadeandalucia.es/averroes/html/adjuntos/2007/09/13/0030/mediterraneos/presentacion.htm

http://www.juntadeandalucia.es/averroes/recursos_informaticos/proyectos2004/andalucia/FORMATO%20WEB/romanos.htm

http://www.clarionweb.es/5_curso/c_medio/cm515/cm51501.htm

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